El precio del diésel en México rompió la barrera de los $30 pesos por litro en varias regiones del país, y aunque Coahuila registra cifras ligeramente por debajo de ese umbral, la tendencia alcista está presionando con fuerza al sector transportista (la arteria que mueve la economía de toda la región centro-desierto) y amenaza con desatar una escalada de precios que los consumidores ya empiezan a sentir en el mercado.
Un aumento que no para
Desde el 1 de enero del 2026, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) actualizó al alza el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) al diésel en un 3.8%, pasando de $7.09 a $7.36 pesos por litro como ajuste automático ligado a la inflación de noviembre pasado. Ese fue solo el punto de partida. A lo largo del primer trimestre del año, la volatilidad internacional del petróleo (con el barril de crudo superando los $100 dólares por las tensiones en Medio Oriente) impulsó el precio promedio nacional del diésel a más de $28.50 pesos por litro, un incremento cercano al 9% en términos anuales.

En Coahuila, el precio del diésel ronda los $23.77 pesos por litro en promedio estatal, mientras que en Monclova se reportaron precios de hasta $24.74 pesos por litro a finales de enero, cifras que analistas del sector advierten ya han subido conforme avanza el año. La tendencia nacional apunta a que sin estímulos fiscales de la federación, estos precios seguirán escalando.
Un golpe directo a los transportistas de la región
El impacto más inmediato lo resiente el transportista individual (el “hombre camión”) que representa el 56% del transporte de carga mexicano y que opera sus propias unidades sin los márgenes financieros de las grandes flotas para absorber los choques. El diésel representa entre el 25% y el 40% del costo operativo total de una empresa de autotransporte, según datos de la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (CANACAR).

“El que más le pega es al 56% del transporte mexicano y que precisamente lo representa el hombre de camión“, advirtió David Estévez, presidente de la Asociación Nacional de Transportistas, quien alertó que el efecto dominó ya alcanza a los productores agrícolas de regiones como La Laguna: “Viene como efecto dominó y le va a pegar todavía más a los compañeros agricultores, porque ahí se les va a quedar su producto, ¿quién se los va a poder mover?“.

Para la región Centro-Desierto de Coahuila, este escenario es particularmente sensible. La conectividad industrial de Monclova (nodo logístico entre Monterrey, Saltillo y las zonas productoras de carbón, acero y materiales de construcción) depende de una red de transportistas que mueven insumos para la industria siderúrgica y manufacturera, y que ahora enfrentan costos operativos crecientes que no logran trasladar a sus tarifas con la misma velocidad.
Las tarifas no crecen al mismo ritmo
El presidente de CANACAR en Tabasco, Leonel Álvarez Cid, fue contundente: mientras los costos del combustible se disparan, las tarifas de flete apenas crecieron entre 4.25% y 6.26% el año anterior, muy por debajo del incremento real en los costos. La mayoría de los transportistas intentó negociar nuevas tarifas con sus clientes, pero se encontraron con la resistencia de grandes cadenas comerciales y empresas manufactureras que ya tienen presupuestos cerrados y se niegan a ajustar.

“El transportista que no logra hacer una buena negociación va a estar en peligro de desaparecer“, sentenció Álvarez Cid. En Yucatán, la CANACAR ya autorizó a sus socios a renegociar fletes con base en un precio de referencia de $29.80 pesos por litro de diésel, un indicador de hacia dónde se dirigen las tarifas a nivel nacional si los precios siguen subiendo.
El efecto dominó: de la gasolinera al mercado
El autotransporte mueve el 80% de las mercancías terrestres de México y contribuye con el 3.8% del PIB nacional, trasladando más de 430 millones de toneladas al año. Cuando ese motor se encarece, toda la cadena productiva lo siente. La inflación general en México ya alcanzó el 4.63% anual en la primera quincena de marzo de 2026, impulsada precisamente por el alza de hidrocarburos, un salto significativo frente al 3.67% registrado en 2025.

En el escenario práctico para un consumidor en Monclova: los alimentos que llegan al mercado, los materiales de ferretería, los productos de línea blanca, los insumos para negocios y restaurantes (todo lo que se mueve en camión desde centros de distribución en Monterrey o el Bajío) podría llegar con un sobreprecio que ya está en camino. Los expertos financieros advierten que si el gobierno federal no aplica estímulos fiscales para contener el precio del diésel, una nueva ola inflacionaria golpeará los mercados en las próximas semanas.
¿Qué pide el sector y qué responde el gobierno?
Los transportistas han elevado su tono. Cansados de que sus peticiones sean ignoradas, gremios a nivel nacional advierten que volverán a las calles con manifestaciones si el gobierno federal no actúa. Sus exigencias son claras: freno al alza del combustible, reducción de precios en casetas de cobro, y respuestas concretas ante la inseguridad y los robos en carretera. Hasta el cierre de esta edición, la SHCP no había anunciado ningún paquete de estímulos al IEPS que amortigüe el precio en gasolineras.

El sector también enfrenta una tormenta adicional: un posible déficit de 99,000 operadores capacitados, la amenaza de una jornada laboral de 40 horas que reduciría la productividad logística hasta un 20%, y la incertidumbre comercial por la revisión del T-MEC con aranceles sobre acero y componentes automotrices, sectores directamente ligados a la economía de Monclova.
Lo que está en juego para Monclova y la región centro.
La región centro-desierto de Coahuila no es un espectador pasivo en esta crisis. Su perfil industrial y su posición como corredor logístico la hacen especialmente vulnerable: si los fletes suben, suben los costos de producción en las plantas, sube el precio de los insumos en la construcción y sube la canasta básica en el mercado. Si los transportistas quiebran o reducen rutas, la cadena de suministro se contrae y la escasez hace su parte.

La pregunta que el gobierno federal aún no ha respondido es simple: ¿cuánto más puede aguantar el transportista mexicano antes de que ese costo llegue, de manera inevitable, al bolsillo de todos?