En los mercados, hay días que se sienten como un trueno y no precisamente por el ruido, sino por el eco. A finales de enero de 2026, el oro “Símbolo universal de refugio y seguridad” registró su mayor desplome diario desde 1983, mientras que la plata vivió una jornada descrita como una de las más violentas en la historia reciente de los metales, con una caída cercana al 33%.
Lo que parecía una escalera al cielo se convirtió en una bajada sin barandal: en cuestión de horas, el “seguro” del inversionista se comportó como un activo de alto riesgo. Y cuando eso ocurre, no sólo cambia el precio: cambia la conversación en las mesas de tesorería, en el sector industrial y en los planes de quienes guardan patrimonio.

Por qué importa “43 años”
Decir “la mayor caída en 43 años” no es un recurso dramático; es una coordenada histórica. Reuters ubicó el movimiento del oro como el peor día desde 1983, un periodo recordado por el giro de la política monetaria global y por el reacomodo que siguió al gran pico del oro a inicios de los 80.
Ese antecedente ayuda a entender el shock actual: los metales preciosos no suelen desplomarse así por una sola razón, sino cuando se combinan expectativas de tasas, fortaleza del dólar y posiciones apalancadas que se rompen al mismo tiempo.
Qué pudo detonar la caída
El primer dominó fue político-monetario: la venta se aceleró tras reportes que vinculan el movimiento a la nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal por el presidente Donald Trump, lo que sacudió las apuestas del mercado sobre la trayectoria de tasas.

El segundo dominó fue técnico y mecánico: CME Group elevó los márgenes para operar futuros de metales (en oro, de 6% a 8% para COMEX; en plata, de 11% a 15% para COMEX 5000), y ese cambio suele forzar a operadores apalancados a meter más capital o cerrar posiciones, lo que puede profundizar ventas.
El tercer dominó fue la dinámica de fin de mes: reportes sobre la caída de la plata señalan que el cierre mensual tiende a reducir liquidez y exagerar movimientos, haciendo más probable una cascada de stops y liquidaciones forzadas.
Lo que revela del “humor” del mercado
El episodio no sólo habla de metales: habla de nervios. Reuters describió el desplome como parte de un “tumble” más amplio en commodities (incluyendo cobre), en un contexto donde inversionistas apalancados buscaron liquidez y el mercado redescubrió, abruptamente, la gravedad.
A la vez, este sacudón llega después de un periodo excepcional: el World Gold Council reportó que el precio LBMA (PM) marcó 53 nuevos máximos históricos durante 2025 y que 2025 cerró con un salto de precio notable, en un entorno de demanda de inversión muy fuerte.

En otras palabras: el mercado venía cargado de euforia y narrativa; el movimiento reciente fue una corrección desordenada en un activo que muchos habían asumido “tranquilo”.
Impacto posible en Coahuila y el norte industrial (1S 2026)
Para el público general, el primer efecto suele ser psicológico: si el oro y la plata “refugios por excelencia” se vuelven volátiles, la gente reevalúa dónde estacionar ahorro e inversión, y la palabra “riesgo” entra a conversaciones donde antes se hablaba de “seguridad”.
Para el sector empresarial, la señal es operativa: cuando hay liquidaciones forzadas y alzas de márgenes en derivados, se encarece el financiamiento del riesgo (coberturas) y pueden aumentar las exigencias de efectivo para quien usa futuros, incluso si su negocio no es especulativo.

Y para el primer semestre de 2026, el escenario base que dejan estos hechos es de volatilidad: si el mercado sigue reajustando expectativas sobre la política de la Fed y el costo del dinero, los metales podrían alternar rebotes rápidos y nuevas sacudidas, especialmente si persisten ajustes de posición y condiciones de liquidez.